Tras leer el libro "El cerebro del adolescente" de David Bueno (y puesto que ya tengo dos adolescentes de pleno derecho en casa), me apetecía hablarte de esta etapa crítica en la vida, de transición entre la infancia y la edad adulta, donde se producen grandes cambios que determinarán la vida futura del niño/a.
Durante la adolescencia hay una serie de cambios físicos que no nos pasan inadvertidos a los padres y madres, ¡ni a nadie!
Pero hay otro tipo de cambios que está sufriendo el niño o niña y que son menos evidentes a simple vista, pero igual o más importantes que los físicos.
Me refiero a los profundos cambios vitales que se producen en su cerebro.
Si hasta ahora el cerebro se había dedicado sobre todo a crecer, durante la adolescencia es la gran etapa de maduración y organización del cerebro y sus distintas partes.
Eso ya nos da una pista interesante: el cerebro del adolescente todavía no está maduro, por tanto, no es funcional al 100%. De hecho no lo será hasta los 25 o 30 años, ¡a veces incluso más!
Tener más conocimientos sobre el desarrollo de su cerebro no hará que nuestro hijo/a o alumno/a tenga menos conductas emocionalmente cambiantes, menos comportamientos impulsivos o sea menos insolente, pero sí que nos ayudará a comprender por qué se comporta como lo hace y a saber cómo debemos acompañarlo correctamente.
Esto será esencial si queremos aprovechar la adolescencia como la segunda gran ventana de oportunidad que es para formar adultos saludables, independientes y socialmente adaptados, funciones que se inician en la infancia, pero se completan y fijan en la adolescencia.
Vamos a ver pues las peculiaridades del cerebro adolescente y cómo esto explica muchos de sus comportamientos.



