Conflictos y peleas entre hermanos/as: cómo evitarlos y cómo actuar (consejos prácticos)

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Seguramente cuando nos decidimos a ampliar la familia con más de un hijo o hija lo hacemos pensando que será bonito para los niños/as tener un hermano o hermana, un compañero de juegos, de trastadas y de complicidades.

Todos queremos que nuestros hijos e hijas lleguen a ser grandes amigos/as y pensamos que con un hermano/a nunca van a estar solos, ni ahora ni en el futuro. 

Por eso lo que más deseamos es que forjen vínculos fuertes y duraderos, que se respeten, se quieran y establezcan una relación de complicidad, cordialidad, cooperación y cariño.

Pero a veces la realidad es otra y los niños y niñas se pelean, compiten entre ellos, se comparan, nunca están contentos juntos y los conflictos entre ellos acaban deteriorando el ambiente familiar. 

En estos días tan extraños de confinamiento por el COVID-19, estas disputas pueden haber empeorado. Es normal. 

La buena noticia es que está en nuestra manos hacer algo al respecto y mejorar la situación.

Por eso hoy quiero darte algunas herramientas prácticas basadas en la Disciplina Positiva, la Educación Emocional y la crianza respetuosa.

Todo para lograr un mejor ambiente familiar y averiguar cómo fomentar esa relación sana y armoniosa entre nuestros hijos e hijas, porque como padres, madres o maestros podemos hacer mucho para calmar su rivalidad y ayudarles a resolver sus conflictos diarios.

Así pues, ¿quieres herramientas eficaces para afrontar dichos conflictos entre hermanos/as y saber cómo debemos actuar ante sus riñas, pero también qué hacer para no provocar más rivalidad entre ellos/as?

Pues... ¡vamos a ello!

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Antes de nada quiero recordarte algunos recursos del blog que también pueden serte de utilidad en el tema de los conflictos y peleas entre hermanos/as:


En este post encontrarás:

 ÍNDICE DE CONTENIDO:

1. CAMBIO DE MIRADA: CONFLICTOS COMO OPORTUNIDADES

2. ¿POR QUÉ SE PRODUCEN LOS CONFLICTOS ENTRE HERMANOS/AS?

3. ¿CÓMO RESPONDEMOS LOS ADULTOS A ESAS PELEAS?

4. ¿QUÉ HACER PARA NO ENCENDER LA LLAMA DE LA RIVALIDAD?

5. ¿CÓMO ACTUAR FRENTE A UN CONFLICTO ENTRE HERMANOS/AS?

    5.1. CONFLICTO DE INTENSIDAD "NORMAL"
    5.2. CONFLICTO ACALORADO
    5.3. CONFLICTO PELIGROSO 

6. LAS REUNIONES DE FAMILIA

7. RESUMEN Y REFLEXIONES FINALES 
 

1. CAMBIO DE MIRADA: CONFLICTOS COMO OPORTUNIDADES

Como comentaba al principio tener un hermano o hermana (o varios) puede aportar muchas cosas positivas al niño o niña. Pero hoy no voy a hablarte de ellas sino de otras cosas que inevitablemente también se dan. Me refiero a la rivalidad, las peleas y los conflictos. 

Este tipo de situaciones, aunque no son agradables para nadie, debemos tener siempre presentes que son inherentes a su relación y, sobre todo, muy normales. 

El hecho de vivir estrechamente en un lugar tan íntimo como el hogar, hace que de forma casi inevitable surjan roces, desacuerdos... incluso luchas para lograr: la atención del cuidador principal, la posesión de ciertas cosas (como juguetes) o la posesión de cierta parte del territorio (como su habitación).

Los adultos podemos ver dichas peleas y conflictos (siempre que se mantengan dentro de unos niveles aceptables) de dos modos: 

  • como un problema que perturba nuestra paz familiar.

o bien:

  • como una oportunidad para que los niños y niñas aprendan ciertas habilidades sociales que son necesarias en la vida.

Si adoptamos una u otro posición, fíjate que nuestra respuesta a sus conflictos será muy distinta.

En el primer caso seguramente nos enfadaremos y sentiremos ira, tristeza y/o angustia. Y responderemos intentando cortar de forma inmediata el conflicto. Seguramente acabaremos todos enfadados y con gritos y castigos de por medio. Lo peor de todo: los niños/as no habrán aprendido nada bueno y las peleas seguirán sucediendo.

En cambio, en el segundo caso, veremos sus conflictos como oportunidades de aprendizaje y responderemos intentando enseñarles habilidades para la vida que necesitarán ahora, pero también en el futuro: como negociación, asertividad, resolución de problemas, empatía... en este caso las peleas se seguirán dando, pero cada vez en menor medida, y lo mejor de todo es que los niños/as cada vez serán más autónomos en su resolución.

¿Qué escoges?


2. ¿POR QUÉ SE PRODUCEN LOS CONFLICTOS ENTRE HERMANOS/AS?


Ya he comentado en el punto anterior algunos detonantes de sus conflictos como llamar nuestra atención o por sus posesiones o por el espacio. También suelen pelear porque les ha pasado algo y es su vía de escape, porque están aburridos, porque es un juego, para observar nuestras reacciones, por resentimiento, por sentirse superior al otro...

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Pero si vamos un poco más al fondo de la cuestión, nos damos cuenta que uno de los grandes generador de conflictos entre los hermanos o hermanas son los celos.

Y los celos se suelen producir porque el niño o niña percibe que tener un hermano o hermana (o varios) significa MENOS: menos atención, menos tiempo para estar a solas con el padre o la madre, menos comida en el reparto, menos tiempo de baño, menos juguetes, menos mirada en exclusiva, menos reconocimiento, menos… pero también: soy menos único, valgo menos, se me ama menos….

Todo ello desemboca en luchas de poder, competencia y rivalidad para conseguir todo nuestro tiempo y nuestra atención, aunque sea peleando.

Tal como nos dice la Disciplina Positiva, todo comportamiento del niño/a tiene un fin o una meta, y los conflictos entre hermanos/as no son una excepción a ello.

Debemos tener siempre presente esta frase:

“El objetivo principal de todos los seres humanos es sentirse tenidos en cuenta e importantes. Todo el mundo quiere que le presten atención”, Jane Nelsen
 

Así que cuando los niños/as se pelean es porque tienen la creencia de que no son tenidos en cuenta, además de que no se sienten importantes. Da igual si esa creencia es cierta o errónea, porque la conducta del niño o niña se basa en lo que él o ella cree que es cierto, no en lo que lo es de verdad.

El niño o niña solo busca pertenencia, utilidad, importancia, ser tenido en cuenta, atención, amor incondicional...


Por eso si los padres y madres logramos que le llegue a cada niño/a concreto el mensaje de que puede estar seguro de que es especial, de que le amamos y de que es importante para nosotros y para toda la familia, entonces gran parte de las peleas y rivalidades desaparecerán.

Cuidado, no todas, ni tampoco debe ser ese nuestro objetivo. Porque, como ya hemos comentado antes, los conflictos entre hermanos/as también tienen su parte positiva y útil, entre otras cosas: enseñan grandes habilidades para la vida, tales como: habilidades de negociación, resolución de conflictos, empatía, resiliencia, cooperación, respeto a la otra persona, auto control…


3. ¿CÓMO RESPONDERMOS LOS ADULTOS A ESAS PELEAS?



Detente un momento y piensa cómo sueles reaccionar cuando tus hijos y/o hijas se pelean o tiene algún conflicto.

 
Vamos a listar aquí algunas de las cosas que hacemos normalmente:

· Decirles que paren

· Quitarles el objeto de disputa y mandarlos a cada uno a su cuarto

· Decirles que ese comportamiento no es normal (¡o que es de animales!)

· Intentar convencerles de que jueguen en paz y de que se comporten correctamente

· Intentamos averiguar quien empezó

· Tomamos partido y nos ponemos de parte de uno de los dos

· Les decimos que su comportamiento nos aflige, nos hace sentir mal…

· Les obligamos a parar la pelea ¡ya!

· Gritamos, les castigamos, les amenazamos….


Ahora dime: ¿cómo crees que se sienten los niños frente a estas respuestas?

Normalmente se sienten frustrados, resentidos, menospreciados, tratados injustamente, no tenidos en cuenta, humillados… y un sinfín de sentimientos poco agradables y muy destructivos, pues dañan al niño/a, a su autoestima y a sus relaciones con los demás miembros de la familia.

¿Podemos actuar de otra manera?

Rotundamente: SÍ.

No es fácil, porque esas respuestas están muy integradas en nosotros y porque a menudo no sabemos de qué otra manera actuar. A continuación descubriremos y pondremos en práctica otras estrategias y herramientas mucho más eficaces y, sobre todo, mucho más respetuosas con todos. Pero antes… 



4. ¿QUÉ HACER PARA NO ENCENDER LA LLAMA DE LA RIVALIDAD?



Por mucho que nos cueste de creer, las peleas entre hermanos y hermanas no depende exclusivamente de ellos y ellas, sino que es un problema familiar que incumbe, en mayor medida, a los progenitores de esos niños y niñas (o sus cuidadores principales).

Somos nosotros los que a menudo encendemos la llama de la rivalidad entre nuestros hijos e hijas.

A menudo de forma inconsciente hacemos cosas que aumentan esta rivalidad entre ellos y ellas, aunque en apariencia no nos lo parezca.

Si ponemos más consciencia en ello, podemos bajar el nivel de competitividad entre ellos y ellas y, de rebote, disminuir los conflictos diarios.

En concreto LO QUE PODEMOS HACER PARA CONTROLAR LA LLAMA DE LA RIVALIDAD ES: 


A. Nunca compararles, porque las comparaciones no solo aumentan la rivalidad entre ellos sino que además son etiquetas que les colocamos y que son tremendamente dañinas para el niño o la niña y para su autoestima.

El problema de las comparaciones y las etiquetas es que los niños/as las toman como ciertas, independientemente que lo sean o no, y acaban influyendo en la imagen que tienen de ellos mismos y en cómo se comportan.

Así que cualquier cosa que quieras decirle a uno de los niños o niñas, puedes decírselo directamente, sin aludir al hermano o hermana. Céntrate en la conducta de ese niño o niña, porque lo que tiene que hacer o dejar de hacer nada tiene que ver con sus otros hermanos o hermanas. 

 TRUCO para no etiquetar ni comparar:

¡Cambia el foco!
1.  No uses el SER (nuestra esencia) sino al ESTAR (estado transitorio). En lugar de "eres un llorica" o "tu hermana sí que es valiente", dile: "hoy estás muy llorica, ¿qué te pasa?"
2. Separa al niño/a de su comportamiento. Céntrate en lo que ha hecho, en su comportamiento, y sepáralo de su ser. Porque lo que es incorrecto es su comportamiento, no su persona. En lugar de "eres un mal educado", dile: "está forma de hablar no es respetuosa, puedes decírmelo de otra manera"
3.  Cambia el foco para llevarlo fuera del niño/a: en lugar de decirle "eres una desordenada", dile: "esta habitación está muy desordenada"
4.  Convierte los mensajes “tú” en mensajes “yo”. En lugar de decirle: “(tú) eres un pesado, (tú) me pones de los nervios”, dile: “me disgusta que me repitan las cosas tantas veces, me hace sentir agobiada" 


B: Nunca tomes partido a favor de uno de los niños/as: nunca debemos ser jueces ni policías en sus peleas.
 

Porque cuando nos ponemos de parte de uno de ellos, siempre hay un niño o niña que siente que ha ganado y otro que siente que ha perdido. Además ninguno de los dos aprende a respetar al otro ni tampoco a compartir las cosas.


 SOLUCIÓN para no tomar partido:

1. NO hagas de juez ni de policía, sí de mediador/a
2. No es importante quién es el culpable o quién empezó la pelea, lo único importante es buscar una SOLUCIÓN al conflicto.
3.  En lugar de tomar partido, lo mejor es intentar poner a todos en el mismo barco y mantenernos neutrales, mostrando nuestra fe en que pueden resolverlo. (Veremos en el siguiente apartado cómo responder exactamente ante sus peleas)

 

C. Darles tiempo especial a cada uno. Esto es súper importante porque cada niño/a debe sentir que es único, pero también saber en todo momento que es tratado de forma que sus necesidades son siempre cubiertas.

Los niños y niñas necesitan pasar tiempo a solas con sus madres y padres, esos momentos especiales hace que luego sean por ejemplo más comprensivos y tolerantes con sus hermanos o hermanas, porque disminuyen sus celos, así como la necesidad de llamar nuestra atención. 


El niño o niña buscará menos peleas para llamar nuestra atención si sabe que va a disponer de un tiempo especial en el cuál sus padres estarán por completo disponibles sólo para él o ella, sin tener que hablar en ese tiempo de ningún otro miembro de la familia.

Estos momentos deben ser agendados y, por supuesto, llevados a cabo. No hay excusas. Deja toda distracción y dedícate en exclusiva a ese niño o niña, sin hablar de los otros hermanos/as y haciendo algo que a los dos os apetezca.
 

 IDEAS:

  • En niños/as menores de 6 años son suficientes 10 minutos al día o cada dos días.
  • En niños/as de entre 7 y 12 años, 30 minutos a la semana.
  • Y en mayores de 13 años, una vez al mes algo que el adolescente disfrute mucho.

De igual modo, beneficiará mucho a la relación fraternal procurar momentos de diversión en familia, así como buscar espacios donde los hermanos y hermanas puedan hacer cosas juntos donde prime el goce, las risas y la diversión. Estaremos propiciando vínculos y recuerdos compartidos.


D. Lograr que les llegue nuestro amor incondicional. También es importante que el niño o niña
entienda que le amas por el simple hecho de existir, independientemente de lo que haga, diga o sienta.

Debe sentirse amado y aceptado en su totalidad, por eso cada día debe llegarle nuestro mensaje de amor incondicional. Para ello demuéstrale lo mucho que le quieres con palabras pero también con tu lenguaje no verbal (tono, miradas, voz...).



IDEAS:

  • Manifestarle tu amor A DIARIO tanto verbal (con palabras) como no verbalmente (caricias, besos, abrazos, pero también miradas, tonos, voces y entonaciones de lo que le decimos).
  • Envíale el mensaje de que “él o ella es suficiente” para que se acepte a sí mismo con el valor que tiene.
  • De vez en cuando déjale una nota personalizada diciéndole lo mucho que le amas, ¡les encanta!
  • Nunca condiciones tu amor a su comportamiento, logros, obediencia… Desecha frases del tipo: “mamá te querrá mucho si tratas bien a tu hermano”, “cuando lloras no te quiero”…



E. Darles a cada uno autonomía y tareas para poder colaborar de forma activa en la vida familiar y que se sientan que pertenecen y son útiles e importantes dentro de la unidad familiar.

 

F. Admitir los sentimientos negativos hacia el hermano o hermana: tener un hermano o hermana puede provocar sentimientos muy contradictorios en el niño o niña.

Es una mezcla de emociones de difícil digestión para los niños y niñas, ¡pero también para los padres y madres!

Es muy duro oírles decir por ejemplo que odian a su hermano/a.

Por eso nuestra reacción a esos sentimientos negativos suele ser la negación, la lógica, los consejos, el consuelo… Pero estas respuestas de poco sirven al niño/a, que en realidad solo necesita saber que entendemos cómo se siente.

Lo más reconfortante para ellos y ellas es que escuchemos con atención sus sentimientos negativos y que los aceptemos y reconozcamos.

Necesitan que legitimemos todas sus emociones, sean agradables o desagradables. Eso no significa que permitamos todos sus actos. Pueden expresar todo lo que sienten, pero no hacerse daño, insultarse, no respetarse…



CÓMO AFRONTAR SUS SENTIMIENTOS NEGATIVOS:
  
Si por ejemplo el niño dice: “odio a mi hermana”, en lugar de contestar “no la odias, la amas” podemos:


- Dar nombre a su emoción: “no te gusta que pase tanto rato con ella”.

- Expresar su posible deseo: “te gustaría poder devolverla”.


- Fomentar la expresión creativa: “¿por qué no me muestras lo que sientes con esta muñeca?”. 

 

G. No caer en la trampa de la igualdad: esto va a sorprenderte pero intentar tratar a nuestro hijos/as de forma igualitaria y procurar en todo momento darles a cada uno lo mismo, es un grave error.

Básicamente porque es imposible conseguirlo.

Por ejemplo, por mucho que cuentes uno a uno los cereales de la mañana, siempre habrá uno de los niños/as que dirá: “a él /ella le has puesto más que a mí”.

Y así en un sinfín de situaciones cotidianas. Por mucho que nos esforcemos por darles exactamente lo mismo, es posible que siempre haya uno de ellos/ellas que se sienta insatisfecho y pida un trato más igualitario.

La solución: atender la necesidad de cada uno en vez de tratar de repartir a partes iguales. Porque no todos necesitan lo mismo.

Porque aunque parezca que te piden lo mismo, en realidad no es así.

Así que atiende a la necesidad y reparte con justicia de forma personalizada.

Por supuesto esto no significa que no podamos dar lo mismo a cada niño y niña, hay veces que la lógica y el sentido común así nos lo dictan y es lo correcto. El tema está en cómo reaccionamos a su exigencia de igualdad.



 CÓMO NO CAER EN LA TRAMPA DE LA IGUALDAD:


En el ejemplo anterior de los cereales:

- El niño dice: “a él le has puesto más”

- En lugar de responder: “no es cierto, os he puesto lo mismo”

- Dile: “¿quieres más? Si quieres más, cuando acabes los que tienes en el bol, puedo ponerte más”


Así estamos atendiendo a la necesidad a pesar de haber repartido por igual, pero además no entramos en el juego de la competición por ver quien tiene más.

Cuando realizamos este cambio de enfoque, los niños/as acaban comprendiendo que cuando tengan una necesidad esta será cubierta y que estamos ahí para todo lo que necesiten.



5. ¿CÓMO ACTUAR FRENTE A UN CONFLICTO ENTRE HERMANOS/AS?


Hay diferentes tipo de conflictos y peleas entre nuestros hijos e hijas. Según su intensidad deberemos actuar de un modo u otro. Vamos a verlo:

5.1. CONFLICTO DE INTENSIDAD "NORMAL"


Siempre que sea posible, lo más recomendable es mantenernos al margen del conflicto, porque cuando intervenimos normalmente lo que sucede es que empeoramos las cosas, siempre hay un niño o niña que se siente tratado injustamente (a veces incluso todos) y los niños/as pierden la oportunidad de adquirir experiencia en la resolución de sus desacuerdos.

Así que, en la medida de lo posible, intentaremos no hacer caso y dejar que lo arreglen entre ellos. Esta opción no es nada fácil, ¡contenerse es una tarea ardua!

Para sobrellevarlo: piensa en las vacaciones, recuerda los “beneficios” de la rivalidad, recuerda que están teniendo una experiencia importante en la resolución de conflictos, que les estás dando autonomía, que están entrenando habilidades de vida esenciales, así como gestión emocional…

Ahora bien, ¿qué sucede si la situación empieza a calentarse y tu intervención podría ser útil?


5.2. CONFLICTO ACALORADO



En ese caso, puede ser conveniente intervenir, pero siempre recordando estas premisas:
 

  • Intenta que todos los niños/as y adultos “estén en el mismo barco”
     
  • No hagas de juez
     
  • No hagas de policía
     
  • No intentes defender a ninguna de las partes implicadas

Si debes intervenir, deja de ser juez o policía y pasa a modelar y entrenar habilidades para la vida.

Si has decidido que debes intervenir, estos pasos te servirán para hacerlo de forma útil.


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CÓMO INTERVENIR DE FORMA ÚTIL EN LOS CONFLICTOS ENTRE HERMANOS/AS:


1. Empieza reconociendo el enfado de los niños/as entre ellos/ellas:

Es importante que noten que sus emociones y sentimientos son respetados y aceptados. Eso les ayuda a transitar por ellos más rápidamente.

Al tu nombrarlos, ellos pueden poner palabras a lo que sienten y empezar a gestionarlo adecuadamente. Si actuamos así, normalmente contribuimos a que los niños/as empiecen a calmarse.

Ejemplo: “Parece que estáis enfadados”

2. Escucha la opinión de cada niño o niña con respeto:

Esto les demuestra que son importantes, que les tenemos en cuenta y que pueden expresar libremente sus preocupaciones y sentimientos.

Recuerda lo que comentamos al principio: “El objetivo principal de todos los seres humanos es sentirse tenidos en cuenta e importantes. Todo el mundo quiere que le presten atención”, Jane Nelsen

Ejemplo: “Así que tú, María, parece que quieres seguir leyendo este cómic porque acabas de cogerlo. Y a ti, Juan, te parece que también tienes derecho a leerlo”. 


RECUERDA: nunca se buscan culpables, todos tienen parte de responsabilidad. Lo que debemos hacer es encontrar soluciones, bien para resolver ahora el conflicto o bien para que no se vuelva a repetir. Ayúdales a centrarse en buscar una solución, porque suelen quedarse encallados en si la culpa fue de uno o del otro, en quién empezó, etc.

3. Reconoce la dificultad de resolver el problema:

La resolución de conflictos es un habilidad que no se tiene de serie, hay que aprenderla. Estos conflictos son magníficos momentos para entrenar esta habilidad. Así que comencemos por reconocer lo difícil que es y describiendo cuál es la causa del conflicto porque a veces se pierde el foco durante la pelea.

Ejemplo: “ Vaya, es un problema difícil: dos niños que quieren leer a la vez el mismo cómic”.

4. Expresa tu convencimiento en su habilidad para encontrar una solución aceptable para ambos:

Nuestra intención es que sean ellos y ellas las que busquen la solución al problema, que utilicen sus habilidades para resolver el conflicto, por lo que vamos a optar por creer en sus habilidades y animar a ello. Recuerda animar manteniendo a los implicados en el mismo barco.

Ejemplo: “Estoy seguro/a de que encontraréis una solución justa para los dos”

5. Marcharte

Aquí no es necesario añadir nada más. Nos vamos y así dejamos libertad a los niños/as para que lo resuelvan entre ellos y ellas.

Si nos quedamos puede que sigan con la riña para ver nuestra reacción, esperando que tomemos partido a favor de uno u otro. Por eso siempre es mejor irnos (si es posible por edad de los niños/as).

Con ello reforzamos el punto anterior: creemos realmente que ellos/as solos son capaces de resolverlo, les respetamos y confiamos en ellos/as y, si nosotros lo creemos, ¡ellos también!

Podemos tocarles para asegurarnos que nos vean y luego alejarnos. También podemos hacerles saber con gestos o palabras que estaremos en la otra habitación por si nos necesitan.

Si no podemos irnos: les tocamos, les miramos y nos apartamos un poco de la escena. Cogemos un libro y nos ponemos a “leerlo”.


Bien, ¿y qué pasa si no consiguen resolverlo?

Sobre todo al principio les falta experiencia y recursos para saber llegar a acuerdos, negociar… Si no consiguen resolverlo podemos:

1. Dar una o dos sugerencias antes de irnos

Ejemplo: “quizás podéis establecer turnos. O jugar los dos juntos. Habladlo. Creo que podéis encontrar cómo hacerlo”… y nos vamos o apartamos.

2. Crear una distracción: si vemos que el conflicto no tiene solución, quizás es mejor ayudar a nuestros hijos o hijas a cambiar de tema. Por supuesto no es algo que debamos hacer siempre, los conflictos no deben ser ignorados y es importante que los vivan. Pero a veces los niños/as se quedan atrapados en un bucle o vemos que el conflicto no lleva a ningún sitio. En esos casos, podemos hacer un comentario inesperado o una pregunta que desvié su atención, por ejemplo:

- “Os apetece jugar juntos al nuevo juego de mesa que tenemos”

- “Buscamos una canción loca en la radio”

- “¿Quien viene conmigo a leer un cuento?”

- “¿Sabéis que me ha pasado hoy?”

- …


3. Buscar un actividad simbólica o creativa: dibujar los sentimientos, escribir una nota, desahogarse con un muñeco (o una almohada, barro, plastilina, papel de periódico, su propia voz...), poner un cartel de “propiedad privada”…

4. Retirar el objeto de la disputa hasta que lo hayan resuelto.


¿Y si el conflicto sigue sin ser resuelto y está empeorando tanto que la pelea podría acabar muy mal?




5.3. CONFLICTO PELIGROSO


Si la situación es claramente peligrosa, debemos intervenir. Una buena forma de hacerlo es así:

1. Describir la situación que vemos y lo que están a punto de hacer los niños/as.

Ejemplo: “veo a dos niños muy enfadados dispuesto a hacerse daño”, “veo un niño que quiere tirar una pieza de madera dura a su hermano”.


2. Marcar unos límites claros: de forma muy firme recordar los límites que hay en nuestra casa.

Ejemplo: “aquí no toleramos los golpes y los insultos, nos tratamos con respeto”; “en casa no se permite hacer daño a los demás”; “veo que el juego se ha convertido en una pelea de verdad y que os haréis daño. Y eso yo no lo permito”.

3. Separarlos:

Ejemplo: “tenemos que calmarnos un momento. Es hora de que os separéis”, “no es seguro que estéis juntos, separaos y luego lo hablamos”.

6. LAS REUNIONES DE FAMILIA


Cuando pese a aplicar todo lo anterior estamos frente a un problema entre nuestros hijos e hijas que no consiguen resolver o bien que se repite una y otra vez, entonces podemos llevar dicho conflicto a la Reunión de familia, herramienta también de la Disciplina Positiva.

La Reunión de familia es algo tan simple pero tan poderoso como reunirnos todos y buscar soluciones a un problema concreto. Lo más remarcable es que, en la medida de los posible, son los niños y niñas quienes aportan ideas y soluciones. Si les dejamos, seguro que van a sorprendernos, pues tienen una gran creatividad e iniciativa. 

Además si la propuesta sale de ellos y ellas, luego estarán más dispuestos a llevarla a la práctica. 

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Evidentemente las sugerencias propuestas deben ser soluciones respetuosas, prácticas y no punitivas, es decir, no pueden infligir culpa, vergüenza o dolor. Si alguna sugerencia no respeta esto, podemos preguntar por ejemplo: “¿os parece esto un castigo?”; “¿podemos encontrar algo más respetuoso?”, “¿cómo se van a sentir los afectados?”… 

Luego entre todos escogemos por consenso una propuesta y la llevamos a la práctica.  

Otro día podemos hablar más detenidamente de las Reuniones de familia, esto es solo una pincelada de su funcionamiento y su utilidad.  


7. RESUMEN Y REFLEXIONES FINALES


Nos guste o no, los conflictos y las peleas entre hermanos y hermanas van a darse, son intrínsecos a la vida.

No debemos tomarlo como algo personal, sino como una oportunidad maravillosa y única para ayudarles a desarrollar habilidades importantes para la vida.

Cuando se pelean mucho, seguramente hay un grito de auxilio debajo de su comportamiento. Vamos a revisar que todos los niños y niñas se sientan importantes, útiles, queridos, tenidos en cuenta, que pertenecen y que son únicos.

Como adultos nuestra responsabilidad es no avivar la llama de la rivalidad entre ellos y ellas, sino apagarla en la medida de lo posible. Son muchas las acciones que podemos hacer para lograrlo (revisa el apartado 4).
 
Es importante no intervenir en sus conflictos y peleas porque los niños/as deben tener la libertad de poder resolver sus propios problemas. 

Solo así se aprende, ¡practicando! Y no hay mejor escenario para ello que el hogar.

PERO, también tienen derecho a la intervención del adulto cuando es necesario. Si un niño/a sufre el abuso de otro, ya sea físico o verbal, tenemos que intervenir. Si hay un problema que afecta a la vida familiar, tenemos que intervenir. Si se trata de un problema que se repite una y otra vez, tenemos que intervenir.

PERO con una diferencia: intervenimos no para dar una solución, arreglar sus diferencias, encontrar un culpable o hacer un juicio de valor, sino para desbloquear la comunicación entre ellos/as y ayudarles a que resuelvan sus conflictos de forma autónoma.


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ESPERO QUE TE HAYAN SERVIDO ESTAS HERRAMIENTAS Y CONSEJOS PARA AFRONTRAR LOS CONFLICTOS Y PELEAS ENTRE HERMANOS Y HERMANAS. NO DUDES EN COMPARTIR SI CREES QUE PUEDE SER ÚTIL PARA OTROS. ¡MIL GRACIAS!




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